Pequeñas acciones que marcan una gran diferencia en tu nivel de comodidad y energía a lo largo de la jornada.
En México, pasar horas en el transporte público o en el auto es parte inevitable de la rutina. Llegar a la oficina o a casa después del tráfico suele dejarnos sin ganas de organizar comidas, lo que nos lleva a depender de colaciones improvisadas o a comer a deshoras.
Ese cansancio mental al final del día está muy ligado a la falta de hidratación adecuada cuando estamos concentrados frente al monitor, y a la tensión acumulada por mantener la misma postura.
El momento en que abres la puerta de tu casa dicta cómo será tu noche. Muchos cometemos el error de seguir revisando correos del trabajo o sentarnos directamente a cenar pesado por el hambre acumulada del día.
Crear un "puente" de desconexión es fundamental. Cambiarse de ropa, tomar un vaso de agua, o tener una conversación tranquila con la familia ayuda a decirle a tu cuerpo que el estrés del día ha terminado.
No se trata de cambiar tu vida drásticamente, sino de pulir detalles.
Intentar comer a la misma hora le da previsibilidad a tu digestión. Si tu cuerpo sabe cuándo recibirá alimento, la sensación de urgencia disminuye.
Después de comer, en lugar de regresar a la silla, camina 10 minutos. Una vuelta a la cuadra favorece la digestión y el bienestar general.
Mantener un ambiente fresco, abrir las ventanas de la oficina por la mañana o tu cuarto antes de dormir, renueva el aire y mejora la concentración.